Anda, ven. Déjame acercarte esta flama que tanto te asusta. Déjame ver tus ojos incrédulos cerrarse por no verme .
Deja que mi amor se convierta en tuyo y tus manos mías.
Soy el abismo que te confunde, la marea que precede al todo y la palabra que te calla.
Soy quien te sigue de lejos, a quien ves en el espejo; dador de vida, sicario prudente; causa y delirio, la vida sin muerte.
(Soy los pasos del vecino, la razón del delito y la mirada de enfrente.)
Anda; mírame sin miedo que no esperaba encontrarte santo a estas alturas ni inmune ante el engaño.
¿Cuántos labios besaste? ¿Cuántas noches ingratas olvidaste buscarme?
Lo sé todo, no hace falta que lo digas.
Sé que ahora piensas te has vuelto loco al oírme.
Que dicen los hombres que la ciencia no engaña. Me divierte la fe de los científicos porque al fin y al cabo es fe.
¿Recuerdas que antes de querer ser médico querías ser cura? No te culpo, el sacerdocio a mí también me hubiera aburrido. Aún eso lo decías cuando eras niño y estabas más libre del mundo. Ahora ya no importa.
He venido porque escuché que buscabas la muerte. Y te miro ahí tendido sin valor para verme.
La muerte está ocupada hijo mío; y tú la llamas, imprudente.
¿No ves que afuera y en todas partes a destiempo la aclaman?
La muerte hoy debe estar alerta en todo el mundo. Es la estrella del noticiero que tanto vende. De Irak a Somalia, a México o a España; por Finlandia o Pakistán, a China o a Tailandia. Va al sótano del asesino, a los sueños del teniente o en el auto con Malverde.
La muerte no tiene tiempo para tonterías. Ayer, aunque ella no quiso, tuvo que llevarse a un par de niños del Sur. Dicen; fue un error de la guerrilla.
Hace unos meses, por su elevado trabajo, vino la muerte a buscarme. “Renuncio a los suicidas”; me dijo; ¿y quién era yo para culparle?
Así que anda, hijo mío; duerme y disfruta la resaca de mañana. Volverás al diario, al trabajo y a la mujer que no te ama. Te saludarán en el bar de siempre. Verás a un niño y te hará reír. Contarás los días, las horas y las deudas. Y luego un día, cuando menos te lo esperes, bajará la muerte a buscarte; y por más que implores que te deje, será tiempo de marcharte.
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viernes, 3 de octubre de 2008
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